A propósito de la celebración en Valdivia de la 34ª Escuela de Verano de la Asociación Chilena de Municipalidades, y al tema que los convoca para analizar los modelos replicables de financiamiento, viene a colación una tesis que, a la luz de los hechos, parece incuestionable aún cuando precariamente aplicada: el desarrollo nacional no puede hacerse sino volcando la mirada hacia las regiones.
Los esfuerzos de descentralización y autonomía, que bien conocemos desde el mundo municipal, no buscan otra cosa sino crear plataformas de nuevas oportunidades más justas, solidariamente homogéneas, que reconozcan las particularidades y capacidades de decisión de las comunidades apartadas del núcleo para conducir su gestión de desarrollo.
Por eso es que cuando conocimos del tema de la trigésimo cuarta escuela de capacitación que se celebra en nuestra ciudad desde hoy, dedicada a los “modelos de financiamiento municipal”, no pudimos sino alegrarnos.
Hoy el municipalismo tiene un enorme desafío, y a la vez un compromiso con el país, que no es otro que seguir avanzando en la construcción de todas aquellas herramientas que permitan a las comunas, no sólo proponer, sino también resolver y ejecutar, con autonomía, aquellos aspectos del gasto fiscal que son claves para conseguir los objetivos trazados en conjunto con sus respectivas comunidades.
Claramente hoy la participación municipal en el gasto fiscal es baja e insuficiente si la comparamos con la media de los países latinoamericanos, y obviamente muestra porcentajes absolutamente obsoletos si lo hacemos con aquellos que han alcanzado el umbral del desarrollo.
La apuesta, por tanto, que debe asumir el mundo municipal, es acercar a las comunas la capacidad para resolver en los escenarios locales mayores partidas de recursos, así como también establecer un “nuevo trato” con las autoridades sectoriales, para acelerar la velocidad de ejecución de las inversiones en obras.
Tema también importante, a la hora de analizar la balanza municipal, tiene que ver con seguir perfeccionando la redistribución del ingreso. Hay municipios en la actualidad, que prácticamente sobreviven del aporte de terceros a través del fondo común (FCM), en tanto que en otros, pese a los esfuerzos por aumentar los ingresos, se ven seriamente castigados por gravámenes y compromisos que, finalmente, en nada permiten que el esfuerzo local mejore las condiciones presupuestarias de esas corporaciones.
Eso nos lleva a un último aspecto, atingente a la jornada que compartimos: a la urgencia de ampliar las posibilidades de formación, capacitación y colaboración conjunta entre las municipalidades del país, que a fuerza de aumentar las competencias profesionales y especializaciones de nuestro capital humano, nos permitan equilibrar esta balanza, alcanzar una mayor autonomía y capacidad de real descentralización financiera y de gestión.
En Valdivia estamos convencidos que más allá de las modificaciones legales o los escenarios de negociación pública, gran parte de los cambios que requiere el mundo municipal se basan en dos pilares irrenunciables: Asociatividad y Voluntad. Sin ellos, el municipalismo no tiene posibilidades de introducir los cambios necesarios que nuestro país exige hacia la verdadera descentralización.
Ramón González Alvarez es arquitecto de profesión, director del Area de Administración de la Municipalidad de Valdivia, y actualmente subroga al alcalde titular de Valdivia.