15 de Abril de 2019 | 5:29 am

Los scooters eléctricos no son juguetes

Algunas personas, pueden llegar a subestimar los scooters o monopatines eléctricos, quizás por su origen (diseñado inicialmente como juguete para niños) o por su aspecto “inofensivo”, sin embargo, la realidad es que estamos ante un vehículo que puede alcanzar velocidades de entre 30 y 40 km/h, lo cual lo convierte en un agente más a considerar en la vía pública y que requiere de un actuar responsable para su conducción.

Hemos visto como en los últimos meses se han ido suscitando de manera cada vez más frecuente los accidentes entre peatones y conductores de estos vehículos quienes se desplazan por veredas y zonas exclusivas para transeúntes; accidentes que podrían causar lesiones graves para ambos usuarios, dada la velocidad que alcanzan. Como es de esperar, al sumarse un nuevo actor al uso del espacio vial urbano sin regulación alguna, afecta negativamente a la convivencia vial, en contra del espíritu de la ley promulgada hace casi 1 año atrás.

Se ha presentado como vía de solución el sacar multas a quienes circulen por la vereda con este tipo de vehículos, sin embargo, al no regular su uso ni su oferta (hay empresas que hoy los arriendan para su uso masivo), la fiscalización se hará cada vez más compleja, sin atacar el tema de fondo que es una circulación segura por el espacio vial urbano y una sana convivencia entre todos los usuarios; considerando además que se invita a los usuarios de scooters a circular por la calzada, poniendo en riesgo su integridad física.

Si bien los scooters vienen a sumarse a un ecosistema de modo que aportan a la ciudadanía respecto a la movilidad urbana (para así dejar de un lado el uso de automóviles), es necesario que su incorporación no represente un potencial peligro para terceros e incluso para el mismo usuario. Se debe regular su uso (fiscalizando también su mal uso) y las condiciones mínimas para poder conducirlos de manera segura para todos los usuarios del espacio vial urbano y con ello lograr alcanzar el espíritu de la ley de convivencia vial.

Alejandro Torres
Académico Facultad de Ingeniería y Arquitectura
Universidad Central