Uso de sondeos como pronósticos induce voto estratégico y afecta la democracia
Las sorpresas en la elección presidencial, en la que Franco Parisi superó a Johannes Kaiser y este último terminó por encima de Evelyn Matthei, reactivaron el debate sobre la capacidad real de las encuestas para reflejar el sentir del electorado. Especialistas explican que el voto útil se ha vuelto determinante y que los sondeos terminan induciendo decisiones estratégicas más que convicciones políticas.
Fuente: ExtraNoticias.cl
Investigadoras latinoamericanas han advertido que los sondeos pueden distorsionar la percepción de competencia. Belén Amadeo, de la Universidad de Buenos Aires, por ejemplo, señala que las encuestas “operan como dispositivos de opinión más que como descripciones fieles de la realidad electoral”. Su efecto, afirma, puede alterar la conducta de los votantes cuando perciben que un candidato queda “fuera de carrera”.
Ese patrón se refleja en la reciente elección, donde Matthei llegó debilitada pese a su reconocimiento previo, mientras Kaiser logró un impulso que las encuestas no proyectaban. El ascenso de Parisi, basado en nichos de apoyo que no declaran preferencia, demuestra otra de las limitaciones de los sondeos: su incapacidad para captar el voto oculto que emerge el día de la votación.
María Eugenia Tesio, también especialista en opinión pública, sostiene que la difusión masiva de encuestas puede inducir al electorado a priorizar viabilidad por encima de afinidad. Según la investigadora, estas publicaciones “crean expectativas que influyen en la decisión final, especialmente entre quienes buscan impedir un resultado no deseado”.
Esa lógica permite entender los reacomodos de última hora que terminaron empujando a Jara y Kast a la segunda vuelta. Así, parte del electorado, al ver que sus primeras preferencias no tenían opciones reales, optó por fortalecer a los candidatos mejor posicionados, reforzando un voto estratégico que no aparece reflejado en los sondeos previos. El llamado "voto útil".
Otro elemento es el comportamiento reservado del votante, que decide en silencio y a última hora. Estudios regionales muestran que quienes toman su decisión en los últimos dos días tienden a guiarse por percepciones de competencia y no por programas. Ese cambio final, impulsado por encuestas, beneficia a candidaturas que aparecen como las únicas alternativas viables.
El caso de Parisi es ilustrativo: su votación superó ampliamente lo registrado por las encuestas tradicionales, lo que evidencia que un sector del electorado evita declarar preferencia o decide estratégicamente al final. La sorpresa en la ubicación de Kaiser y Matthei confirma que parte del electorado reordena su voto según el clima instalado por los sondeos.
El fenómeno también responde a lo que los expertos llaman espiral del silencio. Cuando un candidato aparece abajo en las encuestas, algunos votantes evitan admitir su apoyo y finalmente optan por otra alternativa para “no desperdiciar” su voto. Ese comportamiento altera el pronóstico y amplifica la brecha entre lo que la gente dice y lo que finalmente hace en la urna.
Las encuestas, al centrarse en fotografías de momentos de campaña, no alcanzan a capturar estos reacomodos estratégicos. Al mismo tiempo, su difusión permanente crea incentivos para que los ciudadanos no voten por su primera opción, sino por quien consideran más competitivo, lo que refuerza el círculo de decisiones tácticas.
Amadeo y Tesio coinciden en que se necesita una discusión seria sobre la responsabilidad comunicacional de los sondeos. Advierten que presentarlos como predicciones y no como mediciones limita la calidad democrática, convierte la elección en una competencia de probabilidades y refuerza un voto útil que termina modelando los resultados de una elección presidencial.




